Accidente de tráfico


Mi vida vale la pena, no la pongas en peligro

Quizás la próxima vez que salga a comprar el pan, a ir a clase o al cine, sea la última vez. Probablemente algún desalmado en su vehículo de alta gama me arrolle o pierda el control de su vehículo totalmente fiable a 180 Km/h. Y después para mi no habrá nada, ni ilusiones, ni alegrías y tampoco penas.

Tras la vuelta de vacaciones de Semana Santa es inevitable hablar de los 108 muertos en las carreteras estas vacaciones, 108 personas. Y la cuestión es que no se arregla la situación, por mchos carteles luminosos y anuncios. Me contaba un amigo que en Francia ha descendido el número tras establecer el carné por puntos y emitir las televisiones un anuncio sobre un accidente brutal y muy duro. Entonces, ¿por qué aquí no funciona? Creo que va siendo hora de plantearse una realidad y es que hasta que los coches no cuenten con un limitador de velocidad nada se arreglará. Lo digo como conductor que todos los días coge la autovía hacia Murcia y ve como le adelantan BMWs, Mercedes, Audis a más de 120 Km/h. Que la marca sea pura fiabilidad no es razón para ir más allá de 160, quizás no recuerdan o no acudieron a esa clase de física en la que hablaban de que un cuerpo a mayor velocidad se calienta y se vuelve maleable, es decir, que por muy fiable que sea la marca, aunque fuese un tanque, a esas velocidades es casi papel de fumar, lo que representa una muerte segura.

Y ya que hablamos de esto también habría que pensar en las vidas que ponen en peligro, la mía y la de ustedes, sin motivo y sin necesidad. ¿Alguna vez no han ido adelantando en la autovía o autopista a una velocidad razonable y alguien por detrás le ha hecho las luces? Confieso que a veces me entran ganas de frenar de golpe y que se asusten. Pero nunca lo hago. Le tengo bastante aprecio a mi vehículo, por ser el único que tengo. Ya cuestan demasiado y si me quedo sin el me toca ir andando o en transporte público. A esos que se pueden permitir otro coche de alta gama, lo mejor que pueden hacer es estamparse directamente contra un muro o como suelo decir cuando los veo “embalados” en mi espejo retrovisor: “si tienen prisa que se compren un circuito”. Es una lástima que sean pocos los que multen por exceso de velocidad.

La próxima vez que salga a la calle a caminar o suba al coche para dar un paseo, probablemente sea la última.

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