Caos
Del Caos y otras historias (¿Caos XVI?)

Recientemente me he dejado caer por esa página, bien avenida realmente, que el compañero Daze creó en su momento para recopilar los momentos caóticos de algunos camaradas, palabras y palabras sin descanso, preguntándonos el por qué de nuestras vidas, vivencias, designios del destino y hasta por lo más ínfimo de nuestras existencia. Resulta conmovedor volver a esas letras, cargadas de sentimiento y predestinadas al mayor desastre jamás escrito por la mano del hombre. ¿Por qué digo esto? Por la sencilla razón de que años después uno no puede dejar de verse en ellas, más chico, más inmaduro y quizás tan extraño que, aunque acierto a reconocer algunas de ellas, otras parecen escritas por otro ser que no haya sido yo. Y puede que todo eso sea probablemente debido a que el tiempo pasa incansable y sin freno por cada una de nuestras vidas. Nuevas experiencias y más responsabilidades nos llevan a “perder” el valioso tiempo de dedicarse a escribir algún sinsentido, o quizás si lo tenga, que nos aparte del intrincado mundo que nos rodea de realidades inconexas y tristes. La posibilidad que barajo últimamente y que reconozco me cuestan aceptar es, que aprendimos de los errores pasados, supimos salir de esa cueva platónica que nos apartaba del miedo y no protegía. Salimos pues a un mundo nuevo, nada sencillo y que requirió de un esfuerzo conjunto, para tener escasos pero felices momentos y aprender a disfrutar del tiempo que este condenado mundo nos dió.

Por otra parte, y esta es la más complicada, mantenernos en el exterior de la cálida cueva nos llevó a sufrimientos y un trabajo excesivo para permanecer sin que la llamada del reposo interior nos perturbase tanto que abandonásemos este mundo para regresar al lugar del que salimos. Ahora leo esas palabras y veo que mi caos no es que desapareciese, sino que aprendí a vivir con el, a disfrutar de su encantadora presencia que en ocasiones me visita, que provoca que de repente aparezcan palabras en una hoja en blanco. Observo a quién mueve los hilos sin miedo a pensar qué me depara la vida y sólo tratando de disfrutarla.

En cuanto a la mariposa y a aquella cima, he de decir que volví. La mariposa se convirtió en mi guía, pero adoptó otra forma, la de mujer, que no me abandonó en mi empeño. Os preguntareis si llegué hasta el final del camino. La verdad es que no, no me hizo falta. Miré la meta y no sentí ansias de llegar a ella cuanto antes. Me di cuenta de que en el camino no importa cuándo llegas, sino cómo lo recorres. Pero como diría el camarada Michael Ende, esa es otra historia que merece ser contada en otra ocasión…

(Por cierto, merece la pena visitar nuestras cabalgadas mentales en el blog del caótico, al menos si alguien se preguntó esas cosas, mereció la pena).

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